Los Tiempos Muertos

Los tiempos muertos pueblan mi vida sin remedio más de lo que quisiera. A veces pienso que son estos tiempos muertos los que en realidad son la vida. Pensé que no eran más que tránsitos necesarios y rutinarios que me llevaban de la vida a la vida: trenes, autobuses, aviones, salas de espera... solo que últimamente los disfruto con una curiosidad malsana, casi morbosa, que me permite estar permanentemente conmigo, a solas, en silencio. A veces observando, otras leyendo o tal vez escribiendo; a veces, sin hacer nada más que dejarme estar. Y salgo de los tiempos muertos como de un letargo de mi misma.

En el tren, por ejemplo, la gente lee, sobre todo las mujeres, se abandonan a novelas que las transporten, que las saquen de allí, del tiempo muerto.

En alguna parte he leído una de esas frases tan de moda en las redes, no la citaré exactamente quizás, pues lo hagp de memoria: la vida es eso que sucede mientras esperas a que pase algo. Bien, cada vez creo menos en el algo y más en los tiempos muertos, porque la vida pasa en ellos. Quizás por eso en ellos me vacío y habito.

Italia,  Noviembre  2106.

 


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Just Do it!

Un hombre solo,

un hombre solo en una playa de Cádiz,

sentado, abierto de piernas frente al mar.

Un hombre solo con unas Nikes de cien euros apuntando a África,

a la costa del norte de África.

Un día sin nubes.

Un día sin nubes y un hombre solo que mira las olas.

Un hombre solo, hipnotizado por el filo espumoso de las olas.

Un hombre solo, tan solo que busca la compañía del mar,

que reclama su cercanía con la punta de sus flamantes botas.

Un hombre tan solo, tan solo,

que ha estrenado unas Nikes de cien euros,

unas Nikes azules y amarillas y ha ido a enseñárselas al mar.

Y al mar le gustan y se las toca,

como lo hace una muchacha con el pelo de su novio recién salido de la barbería.

Un día sin nubes y en esta playa,

un hombre solo que se quita las botas nuevas,

las Nikes de cien euros y se las regala al mar.

Y se vuelve de espaldas, y descalzo se va.

Y es que los días sin nubes,

Africa está tan cerca

que este hombre solo

cree que desde esta playa

se puede ver su casa.

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Viejo asomado al balcón

Un viejo asomado a un balcón es toda una vida que contempla la vida.

Un resto de curiosidad aún intacta según se inclina a mirar.

Un segundo de belleza en la mano que sujeta la cadera.

Un momento de fragilidad en la otra que agarra temblorosa la baranda.

Un viejo asomado a un balcón es un niño que perdió hace años su pelota que cayó a la calle,

y que sentado al fresco en el balcón, la echa de menos sonriendo.

Viernes, 24 de Julio.

Fano. Italia.


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LA MEDIDA DE MI ALIENTO  (pequeño blog de escritura)

 

"Te escribo a la medida de mi aliento...

 

¿Soy explícita? Poco me importa. Ahora voy a encender un cigarrillo. Quizás vuelva a la máquina o quizás me pare aquí mismo para siempre. Yo, que nunca soy adecuada.” (CLARICE LISPECTOR: Agua Viva)

 

Pretendo ordenar algunas palabras que me asaltan, otras que no me dejan en paz. Hay algunas escrituras que necesito compartir y lo haré desde aquí... O no.

 

Aquí y ahora comienzo este pequeño ejercicio de escritura.

 

Recopilaré momentos que he ido dejando escritos por mis cuadernos, reflexiones en tiempos de ensayos, conversaciones con mi madre, charlas con amigos, insomnios, desasosiegos, aburrimientos, vómitos, descubrimientos, recetas de cocina, amaneceres, destellos en las clases de teatro, bellos seres que viajan en autobús y mil cosas más que quepan en la medida de mi aliento.

 

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